“Tengo de mi infancia el claro recuerdo de un número de la revista Life en que se veían, en las que eran sin duda las mejores fotografías posibles de la época, las tareas de traslado de unas grandes estatuas de faraones, para salvarlas de las aguas que pronto, con la construcción de la represa de Asuán, cubrirían su emplazamiento. Hoy se las puede ver en Egipto, aunque ya no donde las habían emplazado sus creadores. Antes de la fotografía, sólo hubo palabras para mostrar las obras mayores de la humanidad: la Biblioteca de Alejandría pervive en palabras parecidas a las que alguna vez albergó. Dentro de poco, en 2009, lo que hace medio siglo se hizo en Asuán se repetirá en Las Tres Gargantas, en China. Quedarán de esa zona, que hace mil ochocientos años formó parte de los Tres Reinos Combatientes, muchas imágenes y unas pocas palabras por las cuales los occidentales podamos comprender cómo fue, y cómo es hoy, esa China. Una parte de esa memoria se deberá a Carlos Ernesto García , autor de El sueño del dragón , una detallada, cálida, por momentos asombrosa crónica de viaje por las tierras de Li Po, que no murió de alcohol y que, si acaso alguna vez quiso abrazar la luna en las aguas de un río, como imaginó Ezra Pound, no lo intentó en el río Amarillo, sino en el Azul. García no ha recorrido esa región como lo hacen los viajeros europeos que se dejan guiar por las agencias de turismo, sino en los barcos chinos que discurren hoy como hace un milenio, con la misma parsimonia y la misma indiferencia, y lo ha contado estupendamente.”
Horacio Vázquez-Rial